El último odio aceptable

14/Sep/2016

PorIsrael, por: Annika Hernroth-Rothstein

El último odio aceptable

Esta semana, todos los principales medios
de noticias suecos informaron que la ciudad de Malmö está invirtiendo en un
esfuerzo educativo integral, iniciado por la comunidad judía, con el objeto de
combatir el aumento del antisemitismo que ha plagado la ciudad durante muchos
años. Como parte de este esfuerzo, 288 maestros están recibiendo formación
específica sobre el tema del antisemitismo, y recientemente produjeron materiales
educativos en forma de libros y películas que se entregarán a los alumnos para
“facilitar una conversación” y enseñarles acerca de la cuestión del odio al
judío, histórica y actualmente.
Son informados más crímenes de odio
antisemitas en Malmö, la tercera ciudad más grande de Suecia, que en cualquier
otra ciudad del país, y los judíos que viven allí se han acostumbrado a un
acoso constante, les lanzan huevos y les gritan, los degradan e incluso los
atacan físicamente. El rabino de Jabad de Malmö, Schneur Kesselman, informó
sobre 80 ataques antisemitas entre 2004 y 2010, y aunque no hay cifras
oficiales desde entonces, se supone que las cosas no han mejorado.
Después de la Segunda Guerra Mundial, la
población judía de Malmö alcanzó un máximo de 4.000 personas. En los últimos
años, debido a la declinante economía de la ciudad y el aumento de los
incidentes antisemitas por la llegada de musulmanes, la ciudad ha ido perdiendo
su población judía. Hoy, la comunidad judía organizada de la ciudad sólo cuenta
con 550 miembros, y cada año más judíos se van hacia Estocolmo, Estados Unidos
o Israel.
Cualquier esfuerzo para disminuir los
crímenes de odio antisemita en Malmö es una buena cosa, pero me apena que niños
y adultos tengan que ser educados específicamente para no odiar y no atacar a
judíos y, tal vez incluso más, porque después de todos estos años de
persecución, la iniciativa de hacerlo proviene de los propios judíos, y no del
establishment político.
Vivimos en una época en que todo grupo es
considerado protegido, susceptible y en situación de riesgo, hasta tal punto
que cada palabra que pronunciamos y cada frase que escribimos es puesta bajo el
microscopio en busca de agresión, opresión u “otredad”, Dios no lo permita.
Organizaciones como Black Lives Matters han elevado los índices de afiliación –
muchos de los que se incorporan son judíos – y hemos presenciado meses de
debate sobre baños públicos y quienes deberían utilizar cuales, de modo de no
ofender a una sola frágil alma. Es el amanecer de una era extraña, cuando una
persona o un grupo aumentan su estatus y credibilidad por estar, o sentirse,
oprimidos y perseguidos.
Pero hay un grupo que, a pesar de su larga
historia de persecución real y el estado del sufrimiento actual, no logra ser
incluido. Una minoría que nunca parece ser tenida en cuenta, no importa lo
mucho que ruega ser tenida en cuenta.
Desde 2004 se han informado ataques a los
judíos de Malmö, pero sólo ahora – después de cientos de informes policiales,
indignados artículos de noticias y la parida de la gran mayoría de la comunidad
– han comenzado con la “educación”. ¿Hubiera tomado tanto tiempo con cualquier
otro grupo? Si los destinatarios de los huevos podridos, las palabrotas y la
rabia, hubieran sido jóvenes transexuales, musulmanes o ancianos, ¿las
autoridades habrían esperado 12 años, y hubieran iniciado una “reconciliación”,
cuando es sólo una de las partes la que está iniciando las hostilidades?
El material educativo no debería centrarse
en el Holocausto o en una definición de diccionario de antisemitismo para niños
o incluso pintar retratos amistosos de judíos benévolos. Se les debería
preguntar a los alumnos y a sus padres por qué el antisemitismo es el único
odio aceptable. Los judíos de Malmö no deberían ser responsables de encontrar una
solución a su persecución y no deberían mostrarse imágenes de víctimas del
Holocausto para que cualquier persona entienda.
Con o sin el Holocausto, los judíos merecen
el mismo derecho que cualquier otra persona de no sentirse amenazados. Estoy
perpleja por la constante insinuación de que tenemos que enseñar una historia
pasada para garantizar protección.
Contrariamente a la opinión popular, el
antisemitismo no es una “cuestión judía”. La mayoría de los judíos no son
antisemitas, después de todo. Aunque es nuestro problema, la solución no debe
ni puede provenir de nosotros. Aplaudo la educación en cualquier forma, pero
dudo que algún folleto de lujo detenga lo que está pasando en la ciudad. La
gente ahí lo sabe y, sin embargo, odia. No son conscientes, pero quizás no
están dispuestos a arreglar lo que está roto en Malmö y en ellos.
Annika Hernroth-Rothstein es asesora
política y escritora sobre el Oriente Medio, asuntos religiosos y antisemitismo
global.